
Se terminaron las cebollas de mi vida cuando entraste sin hacerte notar. Se precipitaron a la sopa del olvido y allí, a fuego lento, flotaron por la casa en matizados recuerdos. Llegaste y llenaste mi cocina, primero de leves sonrisas, pero después del primer beso, me cubriste de carcajadas hasta las lágrimas.
