
Me he instalado un puerto USB en el corazón. Ha sido doloroso pero ha merecido la pena. Es que tengo mucho lío, le digo. Y es verdad. El ganarme la vida para vivir, me está impidiendo vivir. Así que yo, resolutivo, he tirado por la calle del medio. Sí. Con este puerto recién instalado transfiero todos los sentimientos del día a una memoria estándar y luego, diligente, se la envío a ella por mensajería urgente. Todo moderno, funcional. Ahora sólo tengo que ver como me las ingenio para digitalizarme las yemas de los dedos, la humedad de los labios y la erección del sexo. Pero todo se andará.
